—Hola, chica del choque… —pero una bofetada lo calla y lo obliga a ponerse la mano en la mejilla.
Cuando ve a la cara a Giselle, se da cuenta que su cabello va desaliñado, como si alguien se lo hubiese revuelto.
—No puedo creer que fueras tú… por eso te me hacías conocido, ¡patán!
—¿Te sirvió el auto que te mandé?
—¡Sí! —le dice ella amenazando con un puño frente a su cara—.
—Lo siento, ese día no era yo.
—¡Por supuesto que no! ¡¡Seguro seguías con la resaca de la fiesta de la noche anterior!!