Logan regresó poco después sin la chaqueta ni la corbata, con las mangas de la camisa dobladas hasta los antebrazos. El cambio era pequeño, pero lo hacía parecer menos director de empresa y más una persona normal que acababa de llegar a casa después de un día largo. Se sentó en la cabecera, saludó a Tita cuando dejó la cena sobre la mesa y miró a sus hijos con una calma que hizo que los tres se enderezaran al mismo tiempo.
—Antes de empezar —dijo—, quiero dejar algo claro. El castigo se mantie