—No te refieras a mi luna de esa manera maldito monstruo—. Su rugido hizo estremecer la tierra, atacó con la espada una y otra vez haciendo que Damiel retrocediera.
Damiel tomó su espada para poder defenderse de los ataques de Adrián, las espadas empezaron a chocar provocando que de ellas desprendieran chispas.
La demonía observaba, esperaba que su lobo desahogara su enojo, ella no intervendría si no lo requería, no por ahora claro estaba, en dos movimientos Adrián logró cortar el antebrazo de