Capítulo 28. Seres hambrientos de sangre
Ni Leonid ni Dominic podían creer que el hombre que ha sido un padre y amigo incondicional podría tener malas intenciones.
Dominic miró a Aisha con ironía.
—Muy fácil para ti que llegaste y le volviste la vida patas arriba a Leonid sugerir que el problema está en los que conoce desde siempre.
—Muy sencillo Dominic, sé que no he traicionado a Leonid, me queda probar al resto.
Dominic miró a Leonid y negó con la cabeza.
— ¿Crees en esta mujer?
Leonid lo hacía, pero no sabía