Capítulo 13. La libertad de hacer lo que queremos
Aunque Leonid no pudiera recordar el rostro de su novia Portia ahora mismo, igual ella existía y él tenía un compromiso con ella.
El deseo de todo su ser repetía un solo nombre y era Aisha, pero Leonid temía entregarse a esto y que el lobo en su ser le arrebatara la vida.
Aisha desvió la mirada y se concentró en no llorar y demostrarle cuanto le duele.
Entiende que eso no solo es indigno, tampoco es justo con él.
— ¿Y supongo que la amas mucho? —Preguntó ella con la voz entrecortad