Capítulo 88
La lluvia fina y constante caía sobre los jardines de la mansión. Ísis observaba las gotas deslizarse por el cristal de la gran ventana de la sala de juegos. A sus 26 años, todavía se sentía una extranjera en aquel país frío, incluso después de años casada con un inglés de pura cepa.
Julian apilaba bloques de colores con concentración, mientras Hanna, de tres años, aplaudía cada vez que la torre se caía. El sonido de las risas de los niños era el único bálsamo que Ísis todavía encon