CAPITULO 74
Con ese último pensamiento de enojó en su mente Imery se abajo de la cama y se dirigió hacía el balcón de la hermosa habitación. El viento frío proviniendo del océano soplaba con fuerza y eran más de las ocho de la noche, el cielo estrellado tras los enormes y altos árboles, era una preciosa vista nocturna.
Pero su corazón se sentía tan frío como esa brisa oceánica.
Dolía.
Le dolía en gran manera haber sido nuevamente rechazada por el hombre del que estaba irremediablemente enamo