CAPITULO 44
Ella estaba recostada en un sofá largo de la sala dentro de la habitación matrimonial de ambos, Darién terminaba de limpiar y vendar cuidadosamente la pierna derecha de su esposa.
Cuando llaman a la habitación.
— Su majestad, ya hemos traído la comida que pidió. — Decía el mayordomo Roberto.
Darién finalmente terminó y bajo de nuevo la falda de la bata larga negra de Imery quien se había mantenido todo ese tiempo en silencio bastante avergonzada ante tales cuidados.
— Pasen.
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