Damon.-
¡La maté, la maté! No puedo creer que lo haya hecho.
El volante de mi coche se sentía como si estuviera hecho de hielo, pero mis manos aún ardían por la adrenalina.
El olor… dios el olor no se iba. No solo era el olor de su sangre, era el olor del miedo y de la pólvora.
Si ella no hubiera sido tan… arrogante, estaba decidido a decirle la verdad y que solo hiciera lo que tenía que hacer darme el dinero que le pidiera y listo la dejaba vivir.
Pero, no… su maldita arrogancia y sus air