POV Selena
Alessandro, de manera instintiva, me mira a mí y luego a ella, totalmente desconcertado y sin saber qué decir. Hombres. Mucho señor dominante que le da órdenes a todo el mundo, pero que se ha quedado como una estatua de sal ante la aparición de su prometida.
Ella me mira de arriba abajo con desdén. Doy un paso adelante y la saludo como si nada; porque si él piensa quedarse ahí como un estúpido sin hacer nada, yo no.
—Buenas noches, señorita Montalvo —saludo, esbozando una sonrisa—. E