DALILA
Ha pasado una semana desde el ataque de los italianos en contra de nuestra fortaleza, tuvimos que huir como ratas porque eran demasiados, pero eso no me borró del rostro la satisfacción de haber apuñalado al Capo, cosa que me aplaudió Maxim, mi esposo, horas antes mientras se comía mi coño. Lo odio, pero al mismo tiempo cuando sentí su cercanía en aquella ocasión, algo se disparó en mi sistema, estaba nerviosa, ansiosa, algo en el fondo me empujaba a querer salvarle la vida, llena de rab