COLETTE
MINUTOS ANTES
No puedo dormir, lo cierto es que ni siquiera siendo la esposa de Roan, puedo hacerlo, y eso es porque tengo en la frente un punto rojo en el que cualquiera podría dispararme y a nadie le importaría, solo a mis hijos. Ellos son tan pequeños y aun tengo tanto qué enseñarles.
—¿Te sucede algo, mami?
La voz de Killian hace que salga de mi ensimismamiento, le miro y sonrío.
—Para nada, cariño —miento.
—No quiero estar aquí —repite y vuelve con lo mismo.
—Lo sé, bebé, pero