Con el rostro desencajado intento asimilar lo que acaba de decir. Su mandíbula tensa me hace entender que se dejó llevar por impulso.
“Adiós a mi vida normal en la oficina”
—¡Oye! —grité molesta —¡Como demonios… se te ocurre decirle eso a él, …no habíamos llegado a un acuerdo… que nadie de la oficina lo sabría!... ¡Sabes lo que puede pasar con mi vida… si todos se enteran, …yo no quiero tratos especiales!
—Me importa un carajo. —dijo conteniéndose —Pero no voy a permitir que te pavonees con ot