La palabra del dueño de la imprenta habían sido verdaderas, al día siguiente había llegado a la hora del sol saliente, con el encargo del joven Weinzettel, toco un par de veces el timbre y se asombró al ver que todos los empleados lo ignoraban en lo absoluto, pasaron un par de minutos y el señor aún seguía en espera que alguien llegara a recibirlo y no fue así, hasta que el mismo Brigdoyoon Weinzettel con la cara de recién despierto, cabello despeinado y las cejas fruncidas había llegado a reci