~Elias~
—Elias —jadea, con la cabeza agitándose de un lado a otro sobre la almohada blanca, y sus dedos clavándose profundamente en los músculos de mis hombros desnudos mientras muevo mis dedos hacia adentro y hacia afuera de su vagina con un ritmo firme y constante.
—Estoy justo aquí, nena. Dámelo —digo con voz rasposa, mirando su rostro, observando cómo el rubor carmín profundo trepa por su cuello, con sus ojos oscuros completamente dilatados por la excitación pura y el amor.
El fuego posesivo