~Sienna~
El ajetreo de la hora del almuerzo en el pequeño restaurante a tres manzanas de la oficina es ensordecedor. Se escucha el murmullo de los cubiertos chocando y el parloteo constante, pero Elias y yo estamos sentados en un reservado apartado en el rincón más alejado, donde el mundo parece estar en absoluto silencio. He pasado tanto tiempo guardando la verdad como un peso físico en mi pecho que ahora, mientras me preparo para dejarla salir, mis manos tiemblan tanto que tengo que esconderl