Daniel llegó a casa de su madre ya bien entrada la noche, se paró a comer por el camino con lo que se demoró algo más. Constató con alivio que había sido todo un acierto pues encontró la entrada de la casa de su madre completamente despejada. Al parecer el acoso de la prensa no llegaba hasta el punto de pasar la noche en vela a las puertas de su domicilio. Mucho mejor. Saludó al portero, recorrió despacio los metros que lo separaban de la rotonda que franqueaba la entrada al chalet, meditaba