Una vez dentro del hotel, los empleados de recepción le dan la llave magnética de la habitación presidencial, no sin antes sorprenderse por la aparición de John.
—No sabe cuanto nos alegra que esté sano y salvo —manifiesta una de las recepcionistas. Mirando con curiosidad a la mujer que está al lado del presidente.
—Muchas gracias, por favor suban comida a la habitación, estamos demasiado hambrientos—exclama, sin soltar el brazo de Annie, quien ya ha dejado de forcejear, porque estaba haciéndol