Ashley retrocedió el paso asustada al verse acorralada por aquella extraña mujer.
—Ven conmigo, mi amor. Soy yo, tu madre.
Todo sucedió en cuestión de segundos. Erika trató de agarrarla, pero Ashley corrió despavorida lejos de la institución.
Es por esto que nadie lo notó, puesto que cada cual estaba atento a sus asuntos. Erika siguió a Ashley por toda la calle, pero uno de sus tacones se rompió, por lo que ella cayó de bruces al suelo.
—¡Auch! —gritó adolorida.
Se levantó como pudo y miró a su