Mis pobres brazos se encontraban entumecidos. Los primos de Austin me tenían bien sostenida mientras mi falso marido los veía con una expresión de total desprecio.
—Mocosos, suelten a Sofi por favor.
—Deberías decirle esposa ¿no? Escuché de la tía que ya te casaste. — Respondió la rubia con una sonrisa pícara. Austin pasó su mano sobre su cabello mientras movía la pierna con ansiedad. Erik apretó su agarre y yo apreté los ojos. No quería ser grosera con estos chicos, especialmente porque eran l