—¿En verdad eres rico?—preguntó por sexta vez Irina, sentada en el asiento trasero del vehículo de Alexander.
Con mucha paciencia, para ser sinceros demasiada, el chico de cabello dorado como el sol asintió con suavidad, mientras mantenía la vista fija en el camino.
Al parecer, a Irina le estaba costando demasiado asimilar la idea de que ahora sus vidas estaban ligadas a la de un irresistiblemente guapo millonario, lo cual tenía su lógica ya que aquello parecía totalmente absurdo.
>—¿Tienes rop