Daniela
Mi cabeza es un desastre y mi corazón se encuentra en un estado más complicado.
No puedo creer que le entregué mi virginidad al hombre más patán del mundo.
¿En qué estaba pensando? Por dios.
Más bien no estaba pensando y me dejé guiar por la calentura.
Para aumentar mi pésimo estado de ánimo la castaña de ojos color avellana se presentó en mi casa sin ser invitada.
—¿Qué quieres en mi casa?—Exclame furiosa al verla
—Es la casa de David, querida. Es tu esposo, pero sigue siendo mío en