SILENCIO INTERRUPIDO.
Narrador.
Gregory no pudo esperar más, pues tenía tantas ganas de probar los labios de Elizabeth, que en un segundo se abalanzó hacía sus labios, devorándolo en un voraz y feroz beso.
A Elizabeth su conciencia le pedía que se detuviera, pero su cuerpo le pedía a gritos que esté hombre la tocara, Gregory no dejaba de ver su cuerpo como ese fino vestido se adhiere a este llegando a la mitad de sus muslos y acentuando sus curvas. El vestido no era provocador, pero aun así provocó un repentino y f