Al llegar a mi apartamento, mi padre e Irina ya tienen todo listo para el viaje.
—Milly, ¿qué te pasó en las manos? —me interroga Irina preocupada.
—Nada de cuidado, estoy bien.
—¿De verdad hija? —insiste mi padre.
—Sí, de verdad, solo son unos rasguños, un cristal se rompió en el trabajo y mis manos estaban en el lugar equivocado —les explico y saludan a Nathan.
—Ahora regreso —me disculpo para ir a mi habitación y guardar mi arma en la caja de seguridad.
Al volver, ya está la mesa lis