—¡Mierda, Caleb! —gruño cuando me doy cuenta de que el peso que sentía sobre mí, era un hombre.
—Mmm —se queja él y me aprieta más a él, yo bufo porque tengo que salir de su agarre.
—Caleb, m*****a sea, la alarma —digo, intento golpearlo pero él no se mueve—. M****a, que sueño más pesado tienes.
Intento pasar sobre él pero sus brazos me lo ponen muy difícil, estiro mi mano mientras maldigo hasta que agarro el despertador y lo apago, me dejo caer en la cama suspirando.
—¿Qué hora es? —pregunt