47. Más bueno que el pan
Aurora sentía como si el corazón se lo estuvieran oprimiendo, ella entendía que él estuviera molesto con la situación pero le dolía que desconfiara de ella, en especial teniendo en cuenta todo lo que había pasado anoche entre ellos.
Por eso tomando respiro profundo, retuvo lo mejor que pudo las lágrimas y dándole un asentimiento le dijo:
—Por supuesto señor Reed, a primera hora de mañana tendrá a los estrategas aquí— sin decir una palabra más dio media vuelta e intentó alejarse del rubio para