Tras mis palabras, la sonrisa de Valentina se desvaneció.
Saqué orgullosa la nueva joya para mostrársela. En material y artesanía, superaba por mucho a la que Valentina tenía en sus manos.
Alejandro miró atónito la inscripción.
—Sofía, ¿qué significa esto?
—Oh, olvidé decírtelo —respondí inexpresiva—. Es el nombre que le di a nuestra hija: Sofía Flores.
Alejandro se alteró: —Pero habíamos acordado llamarla Valentina Vargas, ¿no?
—Eso fue antes —dije con mucha indiferencia, mirándolo sin un atisb