Laia.
Estuve forcejeando para quitarme el cinturón con mis propias manos, pero me era imposible. Estaba presa en ese auto en medio de un camino desolado en el bosque.
Miré en todas direcciones, sin encontrar nada que pudiera ayudarme.
—Desgraciado —mascullé.
No podía dejarlo solo en una pelea abismal como lo era enfrentar a una organización de cazadores completa.
¿Quién se creía?
El ego lo tenía altísimo como para creer que iba a ganar solo. Mi corazón estaba latiendo con rapidez y le hice un l