Capítulo 48.- Promesas.
El resto del día pasó en una bruma de preparativos. Empaqué mi maleta con movimientos automáticos, revisé correos, confirmé reuniones, pero mi mente seguía volviendo a ella. A su risa, a su forma de mirarme, a la manera en que su cuerpo encajaba perfectamente con el mío. Cada recuerdo era como una corriente eléctrica que me recorría, y aunque intentaba concentrarme en el trabajo, era inútil.
Por la noche, ya en el aeropuerto, mientras esperaba mi vuelo, saqué el teléfono y escribí un mensaje: