De repente, un grupo de guardaespaldas vestidos de negro irrumpió en el apartamento. Luna escuchó el desesperado y fuerte grito de Lila y de inmediato cerró la puerta y bloqueó el acceso con los muebles para evitar que los intrusos entraran. Muy nerviosa, sacó su teléfono y llamó a la policía.
Los guardaespaldas amenazaron desde afuera:
—Señorita, si continúa resistiéndose, habrá consecuencias graves. Si no sale pronto, tendremos que derribar la puerta.
Los hombres de Andrés eran capaces de hace