Un absoluto silencio reinaba en la oscuridad de la noche. El viento soplaba suavemente afuera de la ventana, haciendo que las ramas de los árboles se movieran graciosamente. Las pesadas cortinas bailaban al ritmo del viento.
En abril, ya no hacía tanto frío. El viento nocturno entró desapercibido en el pabellón, llevando consigo un olor a medicina.
Isabel se había despertado, pero no quería enfrentarse a Andrés. Dirigió la mirada hacia la ventana y observó cómo las cortinas se ondeaban, diciendo