CAPÍTULO 50: AYUDA
Katherine apenas recuerda cómo conducir, pero el Ferrari responde tan suavemente como si fuera una extensión de su propio cuerpo. El volante se desliza con facilidad entre sus manos, y los asientos de cuero impregnados con un delicado aroma a fresas, parecen envolverse a su alrededor. Sin embargo, no tiene tiempo para admirar los lujos. Su mente está concentrada en la señora Gloria y la extraña llamada que la sacó de casa con tanta urgencia.
Mientras conduce, un sinfín de pre