CAPITULO 32: MIRADA QUE JUZGA
El mensaje del contacto de Anthony en la policía llega con la precisión de un reloj de arena al borde de agotarse. La advertencia de que el detective y los oficiales llegarán en menos de una hora hace que el aire en la oficina se vuelva sofocante.
—¡Maldit4 sea! —murmura Anthony, golpeando el escritorio con el puño. Su mandíbula está tan tensa que los músculos de su rostro se marcan como cuerdas tirantes. Habla en voz baja, como si las paredes pudieran delatarlo—.