Tras aquella confesión, Ryle sintió sus mejillas querer explotar. Cosquillas inevitables viajando por todo su cuerpo, y escalofríos soportables haciendo mella en él. El tacto de Leonidas junto al suyo era, posiblemente, la mejor sensación que su cuerpo pudo haber percibido en todos sus años de vida, y sin poder contener sus palabras apresuradas, él revoloteó sus pestañas.
— ¿Yo te gusto? — Preguntó, cubriendo su boca con su mano disponible segundos después, cuando notó lo que de ésta había sali