Mundo ficciónIniciar sesiónBIANCA
Cuando el avión aterrizó y debíamos salir, las piernas me temblaban e intentaba no llorar. Mientras caminábamos, Antonio incluso se atrevió a tomar mi mano, pero lo aparté y deseé golpearlo. Nunca antes en mi vida había experimentado semejante rabia.
En el coche no fue distinto y en cuanto nos adentramos en la lujosa residencia de la familia De Santi, Antonio cerró la puerta y despachó







