Mirando la irritante figura de Edgar, Julieta estaba furiosa, a punto de perder el control. En cambio, Pedro, con una expresión serena, sin alegría ni tristeza, como si estuviera viendo a un payaso.
—Muchacho, si no tienes dinero, lárgate. ¿Qué haces aquí parado? ¿Esperando comer y beber gratis? —se burló Edgar.
—¡Hmph! Atreverse a oponerse a Edgar, es verdaderamente buscar su propia humillación.
—No poder sacar ni siquiera diez mil millones, ¡qué vergüenza!
Varias mujeres arrogantes intercambia