—¡Qué ignorancia! —Alfonso lanzó una mirada despectiva a Pedro, incapaz de reprimir su sarcasmo—. ¡Un simple como tú, cómo podrías entender la grandeza de mi tío maestro! Él es un ser a quien deberías mirar toda tu vida!
—Pedro, mi tío maestro es un poderoso casi gran maestro, si no entiendes, mejor no hables para evitar ser el hazmerreír —Rebeca expresó con descontento.
—¡Exacto! Abre bien los ojos y mira cómo mi tío maestro derrota al enemigo! —Brenda secundó.
En sus ojos, Pedro era el típico