—¡Ah…!
Acompañado de un grito agudo, los matones, tomados por sorpresa, cayeron al suelo uno tras otro.
En un abrir y cerrar de ojos, ya había un montón de ellos tendidos en el suelo.
Cada uno de ellos tenía un tenedor clavado en la pierna, incapaces de quitárselo por sí solos.
—¿Qué?
Al ver esta escena, Floro no pudo evitar asustarse.
Hay que entender que estos matones eran los que él había seleccionado cuidadosamente, para este trabajo.
Cada uno de ellos había sido entrenado profesionalmente y