—Señor Pedro, creo que se está pasando un poco.
La sonrisa de Wilmer se desvaneció gradualmente, dando paso a un aire más frío en su rostro.
Por mucho autocontrol que tuviera, ya estaba alcanzando su límite máximo de paciencia ante tal provocación.
—Somos amigos, ¿no? Si tienes algún problema, ¿por qué no te echo una mano? Al fin y al cabo, ayudar a los demás es la verdadera fuente de la felicidad.
Pedro no perdió su graciosa sonrisa.
—Señor Pedro, este es un asunto en el que preferiría que no