—¿Eres tú? Al ver a Pedro, Teresa se quedó atónita, su cara llenada de asombro.
Pedro también mostraba una expresión peculiar, muy sorprendido.
No esperaba que los familiares de los que Leticia hablaba resultaran ser estas dos mujeres deslenguadas.
¡Vaya que el mundo es pequeño para los enemigos!
—Oigan, ¿se conocen ustedes?
Leticia miró a un lado y al otro, aparentemente desconcertada.
—¿Conocernos? —dijo Teresa, mordiéndose los dientes de rabia—. ¡Este sujeto fue quien nos golpeó ayer!
—¿Qué?