—¿Ah? ¿Todavía van a disparar?
Al oír esto, Wilberto se asustó tanto que casi salta:
—¡Tío! Las balas no tienen ojos, ¡por favor no hagas locuras!
¡Maldición!
Si seguimos así, no moriré a manos de Pedro, sino que seré asesinado por los de mi propio bando.
Además, los expertos del poder del nacimiento ya son capaces de esquivar balas.
¿Cómo van a ser alcanzados tan fácilmente?
—¡Hermano! ¡Cálmate! ¡La vida de Wilberto es lo más importante! —dijo Jovito que también estaba bastante asustado, intent