Ella, con un cigarrillo entre los dedos, irradiaba un encanto que cautivaba corazones. A pesar de su estatura pequeña, que no reflejaba la típica imponencia de una fumadora, poseía un magnetismo único e irresistible. Siempre se había mostrado adecuada y elegante frente a él, lejos del alcohol y el tabaco. Pero ahora, la forma en que sus dedos sostenían el cigarrillo, y la emoción reflejada en sus ojos, parecía revelar la soledad de alguien que ha vivido mil vidas.
En esa soledad, sin embargo, ha