Recordando la última vez que aquel hombre de mala suerte casi provoca el cierre de su bufete de abogados, ella se enfadaba. Ese bufete era el fruto de años de esfuerzo y dedicación, y ahora, siendo socia, si realmente tuviera que irse, significaría que todos esos años de trabajo habrían sido en vano.
«¡Siempre he despreciado a esos ricos hijos de papá!», pensaba para sí. Ahora, al ver a Alvaro, solo podía pensar en cómo esos magnates pisotean a la gente común, sin un ápice de bondad, todos unos