Una esposa para el conde. Capitulo 32
El viaje hasta la residencia del conde se produjo en un silencio tenso, pues Anabelle se moría de los nervios al sentir la profunda mirada de Essex sobre ella. Tenía sus manos presionando con fuerza los pliegues del chal que cubría sus hombros, aunque sentía como una fina gota de sudor se deslizaba desde su nuca, por su espalda. Las rodillas le temblaban tanto, que si no fuera porque estaba sentada, se habría desplomado sin remedio. Suspiró profundo.
Essex se removió inquieto frente a la bella