Camila, al escuchar las palabras de su madre, se pone muy preocupada. Decide apurarse, toma el vestido que tiene en la mano, se lo pone y elige unas sandalias de tacón fino a juego. Al salir a la sala, Lucas se levanta, mirando a Camila con admiración y tomando su mano.
— ¡Wow, mi amor! Estás maravillosa. Soy un hombre afortunado por tenerte a mi lado. Tengo una princesa.
— Oh, no bromees, mi amor. Ni siquiera sé si combiné bien. No estoy acostumbrada a tanta elegancia.
— Es verdad, hija. No es