Punto de vista de Nadia
El silencio que siguió fue peor que cualquier ruido.
La luz bajo la grieta seguía pulsando, lenta y constante, como un segundo latido sincronizado con el mío. Los hombres que nos habían perseguido ya no avanzaban. Algunos habían bajado las armas. Otros retrocedían paso a paso, los rostros pálidos bajo la extraña iluminación que ahora bañaba el claro.
Nadie hablaba.
Ni siquiera Damien, que normalmente tenía un comentario sarcástico para todo.
Adrian seguía sujetándome, su