Punto de vista de Nadia
No me anuncié al entrar en la habitación. No lo necesitaba. La presencia habla antes que las palabras, y la mía llenó el espacio como la presión antes de una tormenta. El lugar que Mireya había elegido para nuestro último baile era casi poético —cristal, acero y sombras, encaramado lo suficientemente alto sobre la ciudad como para fingir que era intocable. Siempre le había gustado la ilusión de la altura. La hacía sentir por encima de las consecuencias.
Ya estaba allí cu