Matthew
De repente se dirigió hacia mi grupo de trabajo y muy educadamente les hablo.
—Disculpen la interrupción, pero acá el señor Matthew tiene prohibido saltarse su horario de alimentación. —Me miró muy seria y alzando una ceja—. ¿No es cierto?
Sonreí, esta pequeña cosa mía iba a dominarme sin que nadie pudiese detenerla. Miré a mi gente y asentí, para volver a verla.
—Nos vemos dentro de dos horas, todos pueden ir a almorzar.
—Sí señor.
En ningún momento nos quitamos los ojos de encima, ell