—¿Estás bien, Isabella? —le preguntó ese hombre castaño, una vez se acercó a su esposa por contrato.
Ella observó a Jameson y sonrió falsamente.
—Lo estoy. Se me apetece algo frío, hace demasiado calor~ —sonrió ella ante la temperatura habitual de más de 30 grados en dicha ciudad.
Ese hombre estuvo de acuerdo con su esposa, y salieron de la tienda después de algunas compras.
Seguidamente él llevó a Isabella a una heladería cercana con un ambiente muy agradable y decoración pintoresca