Camila
Por la mañana regresé a la mansión sin compañía de Dmitry, quien había tomado otra camioneta hacia otra ciudad por asuntos que lo requerían con urgencia.
Como era mi costumbre, me di una ducha y me cambié de ropa para bajar al sótano a hacerle una pequeña visita a la rusa, estaba ansiosa por enfrentarla y devolverle cada una de las palabras que me dijo. No sabía exactamente el por qué, pero desde que llegué y me topé con su actitud arrogante un aborrecimiento hacia ella creció en mi. No